martes, 4 de abril de 2017

Es un derecho, pero también una opción.

Los golpes más duros siempre proceden de aquellas personas
a las que una vez quisimos. Los golpes procedentes de otras
direcciones no son más que rasguños que viven y mueren 
por encima de la piel. 

Es cierto que jamás dicho golpe será el primero. Y con certeza te diré
que tampoco será el último. Sin embargo, hay que aprender a 
esquivarlos. Y, cuando no queda más remedio, pues súbitamente
encajarlos.

Pero lo bueno de los golpes es que aprendes. Unas veces aprendes
de una primera vez, y otras veces aprendes a base de leñazos. No
te puedo decir como tragar esa pelota que se te forma en la garganta,
ni tampoco como aliviar el dolor que ahora sientes en el estómago.
Aunque, lo que sí puedo decirte, es que se sobrevive.

El infierno llega metódicamente al principio. Los demonios se lo pasan
pipa atormentándote. No pasa nada, porque aprendes. Empiezas
a apreciar las cosas de una nueva manera. Como si respiraras
por primera vez. Como si el peso que sentías sobre tus hombros
hubiese desaparecido de una vez por todas.

Entonces, al fin, dejas de volcarte tanto por alguien. Aprendes a 
dejar de ser tan inocente y a desconfiar más de la vida, y de las
personas. Dejas de esperar que alguien vaya a preocuparse por ti,
o a sacudir con fuerza su mundo, o hacer lo imposible para 
estar contigo. Aprendes a quererte, otra vez, como lo hacías antes.
Te permites poner tiritas y tapas los diferentes huecos que existían
dentro de ti. Aquellos jirones de tu alma...

Aprendes que sufrir es un derecho, pero también es una opción. Y que
sufrirás tanto como tú quieras sufrir. Y el día que te perdones, por fin
todo volverá a estar en calma. Comenzarás a decorar tu vida como a ti
te gusta, y a ponerte todo aquello que nunca te atreviste a poner. No
para impresionar a alguien, sino porque sabes que te confiere una fuerza
abismal y una seguridad impenetrable. Entenderás que el primer amor 
es el propio, y que nunca debes abandonarlo.

Tienes razón, tal vez no te puedo decirte cómo enfrentarte a los golpes,
ni tengo la fórmula secreta para evitarlos, pero sí puedo decirte que
solo morirás por ellos tanto como tú desees morir. 

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