viernes, 12 de mayo de 2017

¿Eres una cuchara, un cuchillo o un tenedor?

Este es el mundo donde nos ha tocado vivir. Un mundo
hermoso lleno de personas no tan hermosas. Vivimos en
un lugar lleno de posibilidades con personas que impiden
alcanzarlas.

Una amiga me dijo una vez que en este mundo, desgraciadamente,
hay personas a las que les toco ser cuchara. Ni pinchan, ni cortan,
pero siempre quieren estar en medio de todo. Siempre con el
objetivo de molestar, obstaculizar, entorpecer, distraer, incordiar,
entre otros extensos y desesperantes adjetivos.

No entiendo a las personas que dicen que este mundo es egoísta. El
mundo no es egoísta, los humanos son los egoístas. Sus visiones
acerca de la vida son limitadas. Estas son las mismas personas que
deberían conectar su cerebro a su lengua antes de hablar. Observar,
informarse y entender para después poder argumentar con conocimiento y
causa. Aquellas que deben dejar de criticar para destruir, o de difundir rumores.

Son personas que no quieren aportar nada a la sociedad, que no
encuentran un motivo en la vida para luchar. Es muy probable que
el motivo se encuentre delante de sus narices, pero su negatividad,
su falta de ganas e ilusión les impide verlo. Hay personas que son
malagradecidas por naturaleza. Y, una vez más, por desgracia, existe
superpoblación de ellas.

Todos podemos crear un gran futuro. Tenemos grandes capacidades,
somos grandes personas. En cambio, malgastamos nuestro tiempo
buscando la paja en el ojo ajeno y poniéndonos la zancadilla. El problema
ocurre cuando todos tiran en sentido contrario al que hay que tirar. Son
esas personas cuchara, que no tienen idea de nada, pero quieren opinar,
criticar y poner todos los puntos y comas de una redacción. Poner a los
cuchillos y los tenedores a coger la sopa.

Por favor, si usted está leyendo esto, y ha nacido persona cuchara,
únicamente tiene que dedicarse a no fastidiar a todo el mundo.
Debe ayudar a la sociedad a crear un mundo mejor, apoyando y
ayudando a los cuchillos y a los tenedores. Su labor también es importante
cuando la realiza correctamente. Deje su negatividad, y expanda su mente.
Sea mejor persona. Aproveche las oportunidades. Adquiera conocimiento.
Cambie el mundo, pero no lo estropee más, por favor.

jueves, 27 de abril de 2017

I need you to hold.

"No hay mal que por bien no venga". Nunca entendí
muy bien esa expresión... ahora la comprendo 
demasiado bien. El lado positivo de las viejas heridas 
abiertas es que están ahí para recordarte lo que sucedió.
Te recuerdan el cómo, te recuerdan el dónde, y sobre todo,
el con quién. Existen para no dejarte volver a caer 
en el mismo pasado.

Todos tenemos viejas heridas que aun permanecen abiertas.
Algunas se cierran porque se zanjan, por fin. Otras, en cambio,
siempre permanecen resquebrajadas. Nunca nos dejan de doler.
Únicamente olvidamos el dolor. Nos acostumbramos. Lo sentimos
hasta que se convierte en algo habitual. Y ahí permanece...
para volver de vez en cuando, como vuelven las abejas a las flores.
Las heridas le afectan a cada uno de una forma distinta a través de 
los kilómetros de espalda, o los centímetros del corazón. 

El trato que tenemos que darle a las heridas es lo que nos va a
representar. Podemos decaer por ellas siempre que hurguemos en
su interior, o podemos coserlas con nuestro hilo más duro y 
remendarlas cada vez que se abran. 

Perdona, ¿podrías pasarme la aguja?

martes, 4 de abril de 2017

Es un derecho, pero también una opción.

Los golpes más duros siempre proceden de aquellas personas
a las que una vez quisimos. Los golpes procedentes de otras
direcciones no son más que rasguños que viven y mueren 
por encima de la piel. 

Es cierto que jamás dicho golpe será el primero. Y con certeza te diré
que tampoco será el último. Sin embargo, hay que aprender a 
esquivarlos. Y, cuando no queda más remedio, pues súbitamente
encajarlos.

Pero lo bueno de los golpes es que aprendes. Unas veces aprendes
de una primera vez, y otras veces aprendes a base de leñazos. No
te puedo decir como tragar esa pelota que se te forma en la garganta,
ni tampoco como aliviar el dolor que ahora sientes en el estómago.
Aunque, lo que sí puedo decirte, es que se sobrevive.

El infierno llega metódicamente al principio. Los demonios se lo pasan
pipa atormentándote. No pasa nada, porque aprendes. Empiezas
a apreciar las cosas de una nueva manera. Como si respiraras
por primera vez. Como si el peso que sentías sobre tus hombros
hubiese desaparecido de una vez por todas.

Entonces, al fin, dejas de volcarte tanto por alguien. Aprendes a 
dejar de ser tan inocente y a desconfiar más de la vida, y de las
personas. Dejas de esperar que alguien vaya a preocuparse por ti,
o a sacudir con fuerza su mundo, o hacer lo imposible para 
estar contigo. Aprendes a quererte, otra vez, como lo hacías antes.
Te permites poner tiritas y tapas los diferentes huecos que existían
dentro de ti. Aquellos jirones de tu alma...

Aprendes que sufrir es un derecho, pero también es una opción. Y que
sufrirás tanto como tú quieras sufrir. Y el día que te perdones, por fin
todo volverá a estar en calma. Comenzarás a decorar tu vida como a ti
te gusta, y a ponerte todo aquello que nunca te atreviste a poner. No
para impresionar a alguien, sino porque sabes que te confiere una fuerza
abismal y una seguridad impenetrable. Entenderás que el primer amor 
es el propio, y que nunca debes abandonarlo.

Tienes razón, tal vez no te puedo decirte cómo enfrentarte a los golpes,
ni tengo la fórmula secreta para evitarlos, pero sí puedo decirte que
solo morirás por ellos tanto como tú desees morir. 

lunes, 20 de febrero de 2017

No olvides amarte a ti mismo.

Existe un temor tan desolador que describirlo siempre resulta
una tarea compleja. Caminar es un trabajo muy difícil cuando
te encuentras ciego por la oscuridad o por la luz. 

Las personas somos en gran medida pasionarias, y nos arriesgamos
en muchos casos más de la cuenta, deseando que el resultado se posicione a 
nuestro favor. Y, cuando eso no ocurre:

Negamos, en primer lugar, la posibilidad de poder vivir sin aquello que nos 
hacía felices. Pensamos que en ningún caso podrá pasarnos lo que nos está 
pasando. Somos fuertes, ¿para qué más? Yo soy el dueño de mi destino y 
yo soy el que toma las decisiones.

Después, negociamos con el fin de obtener una nueva oportunidad.
Nos hemos dado cuenta de que nada va cambiar el resultado, y 
mucho menos si nos mantenemos ignorando la situación. Suplicamos
más tiempo, más amor, más preocupación y más vida. Prometemos 
realizar cambios en muchos aspectos con tal de que todo vuelva a la
normalidad, a que se calmen las aguas.

El hecho de ya ser consciente de que nada de lo que hagamos 
conseguirá que ese algo o alguien vuelva, nos lleva a pensar en
todas aquellas cosas que pudimos haber hecho mal en el pasado y que 
nos han llevado hasta esa situación. Entramos en un bucle repetitivo
plagado de culpabilidad y depresión. Sentimos la necesidad de 
disculparnos por nuestros actos. Tratamos de dar respuesta a todas
aquellas preguntas que no deben realizarse. 

Sin embargo, los ruegos no suelen ser escuchados ni todas las preguntas
contestadas. Por lo que, ante la negativa de no
obtener aquello que deseamos con todo nuestro ser, y sentir que ya hemos
pagado suficiente castigo, nos enfurecemos.
Empezamos con un <<¿yo?>>, y terminamos con un <<nunca más>>. Gritamos,
insultamos, desatamos toda la rabia que existe en nuestro interior. Damos 
rienda suelta a la parte más vengativa de nosotros. Juramos y perjuramos que
no vamos a olvidar el daño que nos han hecho en la vida. La irracionalidad
se apodera de nuestra vida y ahora solo actuamos por nuestros impulsos más
primitivos. Activamos los escudos y nos mantenemos alerta, para que nada ni
nadie se cuele en nuestro pequeño mundo tratando de ponerlo del revés
todavía más de lo que está.

Por último, cuando hemos sacado todo de nuestro pecho, y volvemos a llenarlo
de aire, comenzamos a volver a gatear. A volver a ver el mundo con unos nuevos
ojos. Los colores, los olores, las luces... se vuelven mucho más intensas. Entendemos
de una vez por todas que la vida es un proceso que no se para por nada ni por nadie,
y nos lamentamos de todo el tiempo que hemos perdido. Se esfuma la pesadumbre de
los hombros, y parece que todo vuelve a funcionar. Por medio de esta fase aceptas lo
ocurrido, y tu corazón por fin descansa en paz. Vislumbramos un nuevo futuro
y le agradecemos a todas aquellas personas que sufrieron todo este proceso que siguieran
a nuestro lado. Que nos consolaran, y nos hicieran entender que siempre hay esperanza,
y que la vida no nos pone de por medio pruebas que no podamos superar.

Aprendes una gran lección. Cada cual, diferente. - La mía fue:

Nunca olvides amarte a ti mismo. Puedes amar a otra persona, por supuesto. Pero que
eso no te impida nunca luchar por ti, Por lo que consideras justo. Por lo que te mereces.
Porque algún día podrás olvidarte, y vivir arrastrado siempre a las necesidades o a los
pies de alguien que no te valora. Tu vida es tuya, no le pertenece a nadie más. 
Solo hay una, y no debes regalarla. Recuérdalo siempre: "Por amor no tienes que 
renunciar a nada: ni a tus amigos, ni a tu talento, ni a tus gustos.  El amor suma,
no resta".



lunes, 2 de enero de 2017

If this love is pain, let's hurt tonight.

Nuestro cerebro es un artefacto muy curioso. Aun comprendiendo
una parte racional, muchas veces actúa por impulsos irracionales.
Nos somete a instintos primarios, sin darnos la opción de pensar.
Parece que dichas necesidades se cuelan en nuestra lista de tareas,
colocándose como primera opción, sin seguir el estipulado protocolo.

Un caso práctico es el hecho de enfadarse con alguien. Cuando
te molestas o sientes odio. Es difícil de controlar, sin embargo,
puedes intentar tratar de utilizar la racionalidad para calmar tus
sentidos. Pero la realidad funciona de otra forma...

Aunque lo hecho, hecho está, con el tiempo todo desaparece.
Aquello que nos mantenía fuera de nuestros cabales se esfuma
como el humo. Con el paso del tiempo, dejas de darle importancia
a todo, y solo puedes pensar en todos los bonitos recuerdos que
tenías junto a esa persona.

Y luego no podrás evitar la necesidad de cabrearte por haberte sentido
bien a causa de dichos recuerdos. Esos recuerdos son la materia
prima de la añoranza. Es el motor que mueve nuestros corazones.
Es el fuego, la chispa, la magia...

Esos recuerdos son los que producen la reacción de coger el teléfono
para llamar o escribir un mensaje. Producen la reacción de plantarse
frente a la puerta de esa persona para explicarle lo que sientes. Produce
un abrazo inesperado. Una lágrima de emoción. Incluso a veces
producen sonrisas...

Es cierto que no se puede vivir de recuerdos. pero siempre guardamos
pedacitos de felicidad de todas aquellas personas que alguna vez
apreciamos, independientemente de si la historia ha terminado o no.
Todos nos enseñan algo, algo valioso...

A mi me enseñaron a amar de verdad. Algo que nunca olvidaré.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Recuérdamelo una vez más.

El hogar se encuentra allí donde nuestro corazón pertenece.
Es imposible mantenerse con buena envergadura al cien por
cien todo el tiempo. La vida transcurre y un día estamos arriba 
y otro abajo. Un día puedes estar abajo y destruir todo lo que 
tienes a tu alrededor y otro día estar en lo alto reconstruyendo
de nuevo todo tu mundo.

En cambio, no dejamos de querer a las personas que significaron
demasiado en nuestra vida. Aquellas personas que llegaron sin un
motivo y que nos han dado un motivo para quedarse. Siempre
las recordarás en la música, en los lugares, las verás en sitios
donde no están, las olerás sin ni siquiera tenerlas delante...

Las peleas, los enfados o las discusiones suelen ser transitorias.
Es cierto que, muchas suelen tener una duración infinita, pero,
otras se disipan en cuestión de segundos, horas, días o meses...
 ¿Y qué es lo que siempre queda? El recuerdo. El amor. La 
añoranza... 

Es tierno poder mirar hacia atrás y darte cuenta de que existió 
una época en la que solamente eráis felices. Codo con todo. 
Sin embargo, también es triste.

Y así funcionan los recuerdos. Hay que permitirles
entrar, sufrirlos o disfrutarlos, y dejar que se vayan... 

miércoles, 17 de agosto de 2016

Trono de oro.

La vida de las personas es comparable con una pirámide
hecha con piedras. Cada pequeña piedra representa un
elemento de algún sector en particular. Por una parte,
podemos diferenciar a las piedras que representan a las
personas que componen nuestra familia. Por otra parte,
reconocemos a las que representan a nuestros amigos,
a la persona que nos gusta o estamos enamorados,
al trabajo, ocio, compañeros, etc.

La pirámide alcanza un tamaño determinado dependiendo
de los sectores que componen nuestra vida. Cada persona
coloca las piedras en la posición que considera más adecuada.
Eso significa que una piedra será más o menos importante
dependiendo del significado que tenga ésta para dicha persona.

Nosotros, como reyes únicos y supremos nos encontramos en el
punto más alto de dicha estructura. Y, desde ahí, tratamos de
visualizar de la forma más amplia los cambios que suceden en
nuestra pirámide. Cambios que pueden ser aleatorios o totalmente
inducidos por nosotros, con el objetivo de controlarlos y mantener
firme nuestra fortaleza.

Pero, ¿qué ocurre cuando decidimos quitar una piedras que estaba
colocada estratégicamente y además era de las importantes?

Desgraciadamente, la jerarquía se rompe. Comienza el derrumbamiento
de la estructura, y nuestra vida termina por desmoronarse en cuestión de
segundos. Caemos desde una altura prolongada, con hostia incluida.

Es cierto que los cambios ocurren, y muchas veces no estamos preparados
para afrontarlos. Solo queda una solución: volver a reconstruir tu vida piedra
a piedra. Porque, desafortunadamente, cuando un sector es demolido ocurre
un terrorífico efecto dominó que provoca que todos los sectores terminen
afectados de la misma manera.

Nunca sabes lo duro que es volver a empezar hasta que te ocurre. Por eso,
no te burles de las ruinas de una persona. Ayúdala a reconstruir. A
reconstruir, una vez más.


jueves, 11 de agosto de 2016

Ha pasado mucho tiempo.

Los motores de los coches tienen que pasar revisiones
constantes para asegurarse de que siempre están puestos
a punto. Para que las frutas y las verduras crezcan sanas
y fuertes hay que cuidarlas con constancia a través del
regadío, abonos y fertilizantes. Los animales aprenden
a tener confianza en sus dueños cuando estos los alimentan,
les proporcionan confianza y cariño, y los protegen.

Si un ordenador no se limpia de forma rutinaria terminará por
atascarse a causa del polvo y los diferentes agentes, llevándolo
hasta su obsolescencia. Si no tomamos conciencia sobre el medio
ambiente, imaginemos la relativa o consecuente situación... animales
enredados entre la basura que lanzamos al mar, bosques incendiados...

De una forma más directa, dicho con otras palabras, lo que intento decir
es que cuando uno no cuida algo que tiene, termina por
estropearse, pudrirse, destruirse, e incluso morir. Todo depende de otra cosa
aunque solo sea una millonésima parte.

Es cierto que, como humanos, detestamos la rutina. Sin embargo, el tiempo
me ha demostrado que muchas veces la monotonía de las cosas es la primera clave
para su supervivencia. En cambio, la segunda clave es entender y valorar qué
es lo que está entre nuestras manos. Cuál es su importancia. Por qué nos sirve.
Qué aporta en nuestras vidas.

Y la pregunta más difícil. ¿Estaríamos dispuestos a vivir sin ello?


viernes, 22 de julio de 2016

¿Por qué yo no?

A mucha gente se le rompe el corazón todos los días. Cada uno en base a sus misteriosas circunstancias. Pero, ¿de dónde sacan la fuerza para seguir adelante? Sé que muchos se quedan en el camino, y levantar cabeza es un trabajo bastante duro. En resumidas cuentas, quizá el hecho de que todos intenten continuar recomponiéndose como pueden ya sea una razón motivadora para que los demás sigan el ejemplo. Es el considerable "si los demás pueden, ¿por qué yo no?".

A la gente se le rompe el corazón todos los días. Lo importante, a fin de cuentas, es encontrar la forma de arreglarlo. De una forma o de otra. Porque... Si los demás pueden, ¿por qué yo no?

sábado, 21 de mayo de 2016

FORWARD.

Reconocer cómo son las personas, en su justa realidad,
es una habilidad con la que nunca nací.

Era, desgraciada o afortunadamente, una persona que
todavía creía en la bondad de la humanidad. Pensaba
que cada uno de nosotros partíamos desde el inicio
con una luz interior y una inocencia que nos convertiría
en personas dignas de admirar en un brillante futuro.

Me aferraba a la idea de que un cuerpo no podía
albergar tanto mal. Que un cuerpo lleno de odio,
rencor, codicia, y desprecio acabaría por convertirse
en polvo tanto interna como externamente. Que un
cuerpo que no pudiese expresar toda su hermosura y
verdad se descompondría por momentos.

Aquella luz que pensé que nacía en el interior guiándote en el camino
resultó ser una bombilla fundida del repertorio lumínimo
que muchos solían desprender. Ahora, tristemente, me aferro a la idea
de que el acusado polvo de los años, la soledad no extinguida
y el azote del tiempo se acumula en los hombros de las personas,
no dejándolas levantarse de un suelo más que pisoteado y gélido.

¿No estamos en nuestro derecho a equivocarnos? No hago más
que caminar en círculos alrededor de esta pregunta. ¿No somos
humanos?, ¿no consistía en que el que tiene boca se equivoca?,
¿no deberíamos tener todos una segunda oportunidad?

Mira, chaval, cada vez voy dejando más huellas en el camino. Y es
muy duro comprobar firmemente que tu visión del mundo era errónea.
Que no puedes confiar fielmente en quien acabas de conocer. Ni
ciegamente en quien confías desde hace años al cien por cien.
Que no todos nacemos con una luz en nuestro interior. O tal vez sí.
En cambio, muchos ya tienen las luces apagadas. O quizás, estropeadas.
Pero puedo asegurar que hay personas que no quieren encenderlas, o
ya se olvidaron de que existió alguna vez. Ni el mundo, ni la gente te dará
la paciencia que necesitas para afrontar las situaciones. Eres tú quien tiene
que luchar por ti. Enfocarte en tus metas. No dejarte llevar por personas
que son agujeros negros que absorben luces como la tuya, que
nunca han apostado por tu bien.

Estamos en un banco lleno de peces. Quizás no tengas la habilidad, al igual
que yo, para reconocer cómo son de por sí las personas, pero una cosa es cierta,
todo sale a flote. Y tarde o temprano descubrirás la verdad por tus propios
ojos. Y podrás decidir bien alto quién se queda y quién se va. No tengas miedo
de elegir.

Estamos en un banco lleno de peces. O comes, o te comen.